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El eclipse que convirtió la Península en un laboratorio para medir la luz

2 de septiembre de 2026 por
Gestión CityGest

El eclipse total de Sol del pasado 12 de agosto no fue únicamente uno de los acontecimientos astronómicos del año. Durante unas horas, científicos y ciudadanos aprovecharon el progresivo oscurecimiento del cielo para realizar un experimento difícil de reproducir: observar cómo cambia la luz de nuestro entorno cuando su principal fuente natural desaparece temporalmente. Un estudio que, además, tendrá continuidad en la investigación de la contaminación lumínica.

Durante un eclipse solemos mirar hacia arriba. Pero el pasado 12 de agosto hubo también quien decidió mirar, precisamente, a la luz que nos rodeaba.

El proyecto de ciencia ciudadana EclipseDSM, impulsado dentro de la iniciativa Gaia4Sustainability con participación de la Universidade da Coruña y la Universitat de Barcelona, desplegó fotómetros en diferentes localizaciones para registrar de forma continua la evolución del brillo del cielo durante el eclipse.

El objetivo era aprovechar unas condiciones excepcionales. La Luna iba ocultando progresivamente el Sol y provocando en cuestión de minutos una reducción de la principal fuente de iluminación natural del planeta. Para los investigadores, el fenómeno se convirtió así en una especie de laboratorio a escala territorial.

Medir antes, durante y después

Los participantes utilizaron dispositivos FreeDSM, fotómetros abiertos y de bajo coste capaces de registrar el brillo del cielo y variables atmosféricas asociadas.

El protocolo no se limitaba al momento del eclipse. Los equipos comenzaron a tomar datos antes de la fase parcial y continuaron haciéndolo después. Además, los participantes debían realizar otra sesión de mediciones un día próximo, desde exactamente el mismo lugar, aproximadamente durante las mismas horas y, siempre que fuera posible, bajo unas condiciones atmosféricas similares.

De esta forma se obtiene una referencia con la que comparar lo ocurrido durante el eclipse.

Los investigadores quieren analizar la disminución global del brillo del cielo, el nivel de oscuridad alcanzado durante la totalidad y la particular evolución del crepúsculo provocada por el eclipse. La distribución geográfica de los fotómetros permitirá también estudiar la influencia de factores como la altitud, la latitud, la distancia respecto a la franja de totalidad o las condiciones ambientales de cada lugar.

Los datos conjuntos del proyecto se encuentran todavía en fase de análisis, por lo que habrá que esperar para conocer sus conclusiones definitivas.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la contaminación lumínica?

Mucho, aunque conviene hacer una distinción.

EclipseDSM no se diseñó específicamente para elaborar un mapa de contaminación lumínica durante el eclipse. Su objetivo principal era estudiar cómo variaba el brillo del cielo ante una reducción extraordinariamente rápida de la luz solar.

Sin embargo, los mismos instrumentos utilizados para realizar estas mediciones están concebidos para estudiar el cielo nocturno. De hecho, ahí se encuentra una de las partes más interesantes del proyecto.

Una vez terminado el eclipse, los dispositivos FreeDSM desplegados continuarán funcionando dentro de una red permanente dedicada al estudio de la contaminación lumínica y de la calidad del cielo nocturno. El experimento del 12 de agosto se convierte así en el punto de partida de una infraestructura de medición que podrá seguir generando datos mucho después del fenómeno astronómico.

La importancia de medir la noche

No podemos provocar un eclipse para comprobar cómo cambiaría un municipio si redujéramos su iluminación. Pero sí podemos medir su situación actual, identificar excesos, analizar el brillo artificial del cielo y comprobar posteriormente qué ocurre cuando aplicamos medidas correctoras.

La contaminación lumínica no depende únicamente de cuánto iluminamos. También intervienen hacia dónde dirigimos esa luz, cuándo la utilizamos, con qué intensidad y qué características espectrales tiene.

Por eso los datos son fundamentales.

CityGest aborda esta problemática mediante CitySKY, integrando información procedente de mediciones sobre el terreno y observaciones del cielo para detectar los puntos de mayor contaminación lumínica, analizar su evolución y disponer de información con la que plantear actuaciones de mejora.

El eclipse del pasado agosto nos dejó durante unos minutos una imagen extraordinaria de un cielo transformado. Pero también nos recordó algo menos espectacular y mucho más duradero: para proteger la noche necesitamos conocerla, medirla y observar cómo cambia.

Porque aquello que no medimos difícilmente podemos mejorarlo.

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