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La luz artificial nocturna prolonga la temporada de polen y podría aumentar las alergias

5 de febrero de 2026 por
La luz artificial nocturna prolonga la temporada de polen y podría aumentar las alergias
Slowlight

En muchas ciudades el brillo nocturno es visto como un símbolo de modernidad y seguridad. Sin embargo, las luces que iluminan nuestras calles durante toda la noche también pueden estar influyendo en algo tan cotidiano como la temporada de polen, con consecuencias directas para millones de personas que sufren alergias y asma.

Un estudio publicado en PNAS Nexus ha utilizado datos de más de una década sobre concentraciones diarias de polen en el noreste de Estados Unidos y observaciones satelitales de luz artificial nocturna para evaluar cómo esta última afecta la fenología del polen —es decir, el momento en que se libera y la duración total de la temporada de polinización.

Los investigadores identificaron tres métricas clave del ciclo del polen:

  • Inicio de la temporada,

  • Final de la temporada,

  • Duración total del período de polinización.

    Al controlar factores climáticos como temperatura y precipitación, encontraron que un mayor nivel de luz artificial nocturna se asocia con un inicio más temprano y un final más tardío de la temporada de polen, lo que se traduce en una temporada más larga con mayor exposición a alérgenos.

Esta extensión se observa especialmente en áreas muy iluminadas —como las grandes metrópolis— donde la temporada puede prolongarse decenas de días más que en zonas menos expuestas a la luz nocturna.


Imagen: Freepik.

Más exposición, más síntomas alérgicos

El estudio también muestra que, en zonas expuestas a altos niveles de luz artificial nocturna, un mayor porcentaje de días de la temporada de polen cae en categorías de exposición moderada a “severa”, lo que sugiere un aumento en el riesgo de síntomas alérgicos para las personas sensibles.

Esto es especialmente relevante en ambientes urbanos donde la prevalencia de alergias es alta y donde la combinación de factores —calor urbano, contaminación del aire y luz nocturna intensa— puede converger para agravar la carga sobre la salud pública.

Este hallazgo aporta una dimensión directamente vinculada a la salud de las personas al debate sobre la iluminación urbana. En CityGest creemos que la luz nocturna no puede medirse únicamente en términos de eficiencia energética o estética urbana: también debe considerarse como un determinante ambiental que influye en la salud pública, la calidad de vida y el bienestar colectivo.

Integrar la gestión de la luz en políticas de salud ambiental

La evidencia sugiere que:

  • Ajustar los niveles de iluminación exterior puede ayudar a moderar la extensión de las temporadas de polen.

  • Los sistemas de telegestión inteligente permiten adaptar horarios y niveles lumínicos sin comprometer la seguridad.

En este sentido, herramientas como CitySKY, CityLUX y CityLINK/CityLUM pueden ser parte de un enfoque holístico que integre iluminación responsable con salud pública, especialmente en ciudades con alta prevalencia de alergias.

La planificación urbana y sanitaria puede beneficiarse de estrategias coordinadas que consideren la luz nocturna como un factor ambiental relevante, junto con calidad del aire, temperatura y uso del suelo.

La creciente intensidad de la luz artificial nocturna en entornos urbanos ha sido tradicionalmente un tema asociado al consumo energético o a la contaminación lumínica estética. Este estudio nos recuerda que también tiene implicaciones biológicas reales para las personas, más allá del impacto sobre fauna y ecosistemas.

Integrar este conocimiento en la gestión local —desde técnicos municipales hasta responsables de salud pública— puede ayudar a diseñar ciudades más saludables y resilientes.

La contaminación lumínica reduce la capacidad de la naturaleza para absorber CO₂